Dos señoras tomando té

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Este es un error bastante habitual para nosotros, los humanos. A veces crees que lo tienes superado y, de repente, ves que llevas cinco páginas de diálogo innecesario. Es un error que siempre está ahí, al acecho, esperando la oportunidad perfecta para que la pifies de manera brutal y te cargues tu novela.

 

Vale, la situación es esta: tienes a dos personajes que se encuentran para tomar un café, un té, un güisqui, o cualquier cosa que se te ocurra. Los has colocado ahí para hablar sobre un tema específico que saldrá de manera espontánea en la conversación, puesto que tienes algún objetivo en mente. Tu objetivo puede ser cualquiera: el lector entiende el tipo de relación entre ambos personajes, el lector sufre porque quiere que los personajes compartan alguna información para darse cuenta de algo, los personajes comparten determinada información que ayuda a que la trama se desarrolle, entre otros muchos.

Hasta ahí todo correcto, pero, de repente, empiezas a explayarte, los personajes toman confianza y comienzan a charlar tranquilamente como si estuvieran en la peluquería. Además, empiezan a hilar más y más detalles, joder, tienen una capacidad increíble, deberían dedicarse a otra cosa, como a echar las cartas, por ejemplo, porque están deduciendo tantas cosas que resulta absurdo. Al terminar la escena y leer de nuevo el diálogo te das cuenta de que tu maravillosa trama se ha reducido a la conversación de dos mariseñoras en vez de a numerosos acontecimientos, hechos, datos, pistas, sugerencias, giros argumentales que, finalmente, conduzcan a la resolución de quién es el asesino, por qué, cuáles son sus traumas y su pasado, y qué problemas causará por todo ese bagaje personal.

En definitiva, si crees que vas bien con tu novela y te has cansado de tanta perfección, no te preocupes, tan solo tienes que poner a dos personajes a hilvanar la historia, esto es, a hacer todo tu trabajo, en un plis-plas y sin drama. No obstante, si deseas hacerlo bien, tendrás que manejar la ansiedad e ir poco a poco, de manera que la historia vaya cogiendo forma, con su propio y natural ritmo, sin desvelar de más, tontamente, en una escena que debería ser bastante secundaria.

¿Has caído alguna vez en esto? ¡Cuéntanos!

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

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