Lección de escritura by Steve Jobs

4Indudablemente, lo mejor de la novela que estás escribiendo eres tú. Y deseas hacerlo muy patente. Nada mejor que lograrlo a través del uso de palabras enrevesadas y poco habituales, oraciones largas y complejas, de esas que quitan el aliento e incluso las ganas de vivir, y, como no, expresiones que solo usaría tu viejo profesor de literatura en boca de cualquier personaje. Todo esto perfectamente hilvanado con el objetivo de que el lector se ilumine, y piense: <<Oh Dios mío, no sé quién habrá escrito esto, pero es mi nuevo, o nueva, mesías. He estado perdido toda mi vida y al fin he encontrado a alguien que escriba con la maestría suficiente como para ser adorado cual divinidad. Estoy, indudablemente, en presencia de la futura gran figura literaria que estudiarán en clase las generaciones venideras, junto con Machado, Azorín, Valle-Inclán, y todos esos.>>

Vale, esto no va a pasar jamás. Jamás va a admirarte alguien por tener que invertir el doble de horas en leer tu novela. Y es eso lo que va a suceder, porque estás usando palabras difíciles y frases muy largas. Complicar la narración no tiene sentido, a menos que se trate de una obra muy concreta para un público muy específico y seas increíblemente talentoso o talentosa, tanto, que el lector deje de sentirse incómodo por tu muestra de  pedantería. De todas formas, imagino que si estás leyendo este Blog este no es tu caso. Supongo que no eres una letra de la Rae, ni tampoco un doctor en literatura de unos setenta años, que cuenta con más de cincuenta años de experiencia en el manejo de las palabras. Está bien, si no eres uno de estos dos señores o señoras, no deberías escribir enrevesado, de hecho, ni siquiera ellos lo hacen.

Te debes a tu público (diseño enfocado al cliente). Lo que escribes, o bien lo creas únicamente para ti y tu disfrute personal, lo cual está más que bien, o bien lo escribes para otros, esto es, para tus lectores. Pregúntate qué quieren estas personas, imagina ese momento en que el lector toma tu libro, en el tren, o bien pone un poco de música suave en su casa, se tumba en el sofá, se arropa con una manta y abre tu libro, o, tal vez, toma tu libro de la mesita de noche, y se acurruca en su cama para leer veinte minutos antes de dormir. Realmente, ¿crees que ese lector desea llevar también un diccionario y comenzar a subrayar tu libro porque no entiende un 30% de lo que le estás contando? ¿Enserio crees que tu maestría con las palabras es lo que va a valorar esta persona? Y, por otro lado, ¿a quién tratas de impresionar? ¿A tus lectores, o a ti mismo? La persona que se dedica a escribir ya sabe que posee recursos y talento como para crear algo complejo, porque, de hecho, crear una novela que sea fácil de leer, interesante, con enganche, y con un ritmo agradable, ya es todo un reto. Como diría Steve Jobs “keep it simple, suele ser lo mejor.

¿Crees que tus amigos entienden y leen con facilidad tu obra? ¡Cuéntanos!

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

Deja un comentario