Resolviendo el mundo en la barra del bar

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Las novelas son mundos de ficción, se espera que pasen cosas, cosas que molen mucho, cosas divertidas, o dramáticas, románticas, tal vez sexuales. Pero han de estar sustentadas por hechos, uno tras otro, debe haber acción, las palabras sirven para acompañar, a través de diferentes estilos literarios, lo que está sucediendo. Y estos hechos les deben ocurrir a personas, personajes, algunos tendrán el clásico rol del protagonista o héroe, el antagonista, el seductor, el fiel amigo, el personaje sospechoso del que se puede intuir que algo trama, entre otros muchos. Estos personajes compartirán escenario y momentos con los secundarios, personas reales, para aportar solidez, ya sabes, tu panadero, tu vecino, la jefa, la señora que pide en el semáforo, etc.

Pero, un escritor con ganas de pifiarla sabrá, de sobra, que esto es mera teoría y que la novela es, indiscutiblemente, un territorio fértil en donde poder divagar durante páginas y páginas sobre lo terrible de la corrupción en el país, lo horrible que es la vida, lo mucho que han subido los precios de los productos del supermercado, o lo absurdas que son las tensiones existentes entre algunos líderes políticos.

A ver, si estos temas te interesan, genial, tienes un hilo del cual tirar. Luego piensas, ¿realista o ficción a tope? Escojas lo que escojas, pastilla roja o azul, se abrirá para ti un amplio mundo que deberás investigar, del cual deberás tomar notas y aprender, antes de crear un universo sólido para tu lector. Luego, a contar una historia, de personas a las que les pasan cosas, con algún protagonista, que o bien puede ser un político, un espía, un militar, o lo que te apetezca.

Y, una vez tengas todo eso, a narrar los hechos, uno tras otro, con coherencia, generando interés, algún giro argumental coherente, aunque también sorprendente. Que rico todo. Y ahora sí, unos sutiles matices, leves, casi imperceptibles, que permiten entrever tu posición política y la crítica social que deseas expresar. Y, si no es en verdad esa tu posición política, y estás jugando al despiste, generando confusión, creando crítica y contra crítica, ahora sí, te compro.

En definitiva, si quieres pifiarla a lo grande, puedes usar tu novela para despotricar sobre política, o cualquier otro tema, tal como lo haces un viernes cualquiera con tus amigos en el bar. ¿Para qué contar una historia entretenida? ¿Para qué empatizar con mi lector?

¿Se te ha ido la pinza criticando al sistema en tu obra? ¡Cuéntanos!

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

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