El periódico que cotiza en bolsa (Ataulfo rules)

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Ataulfo entró en la solitaria estancia. El viejo mobiliario del barón acumulaba polvo, puntitos que brillaban en una etérea red, por el efecto del sol, cuyos rayos penetraban en la estancia a través de los inmensos ventanales. Paseando por la habitación, que había permanecido solitaria durante décadas, Ataulfo se percató de que algo asomaba entre dos magníficos volúmenes de Don Quijote de la Mancha. Se acercó entonces, despacio, hasta el lugar, provocando el crujido de la madera bajo sus botas de cuero, y, una vez se acercó lo suficiente extrajo con su mano enguantada lo que parecía ser un ejemplar del viejo periódico “Arriba”. El diario había sido doblado por la página de sucesos. De pronto, un sonido procedente de la planta de abajo alertó a Ataulfo, que dejó el periódico sobre la hilera de libros y salió de la habitación.

Está bien, llegados a este punto, ¿piensas hacer algo con ese periódico? Porque ahora tus lectores creen que ese periódico es lo más, que tiene una relevancia increíble dentro de la historia que estás contando, y se mueren de ganas de descifrar el misterio del viejo periódico arrugado escondido entre dos libros.

En tu vida muchas veces habrás visto, quizás en la casa de tus abuelos, un periódico o una revista doblada. En una novela, si cuentas algo, o incorporas cierto detalle, es por una razón, o así lo interpretarán tus lectores. No es factible que este detalle se olvide al de veinte páginas, puede que tú sí, pero tus lectores no lo harán y desearán saber qué narices tenía que ver el viejo periódico franquista con la trama de la novela, si hay alguna conexión con eventos históricos del país, si hay algún misterio a resolver, … En definitiva, vas a desplegar un abanico de posibilidades en la mente del lector, que sentirá una profunda frustración si, en realidad, solo fue un fleco en la trama que quedó suelto porque no pudiste hilarlo correctamente con el resto de la historia.

Así que, te lo estamos poniendo en bandeja de plata, si ibas bien en tu novela y deseas pifiarla, nada mejor que introducir elementos de manera aleatoria y carente de estrategia. Ya sabes, personajes femeninos sexys y sugerentes que desaparecen para nunca más volver, detalles en los cuales repara el protagonista y que nunca se les da salida, descubrimientos que nunca llegan a darse, etc. Y, por supuesto, ofrecer un argumento pobre para explicarlo, incorporado de manera forzada unas cincuenta páginas después, que es cuando recordaste que había un periódico viejo y arrugado, no sirve, sorry.

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

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