Cliché rules

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Un cliché es un lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia (RAE dixit). Es un término que viene del francés, idioma en el cual significa estereotipo. Esto es, un cliché es un recurso que originariamente era tan interesante y funcionaba tan bien que ha sido usado hasta la saciedad y ha perdido ya, supuestamente, esa fuerza que tenía.

 

Ejemplos de algunos clichés literarios que hemos escogido (la lista total puede ser interminable):

  1. El malote se lía con la pringada (con la que se identifica la lectora de la novela en cuestión) y se convierte en buen tipo, o algo similar.
  2. El clásico juego simplista entre héroe y antihéroe.
  3. El asesino es el mayordomo o la exmujer, o la mujer que va a heredar un pastón.
  4. El héroe machote que folla mazo.
  5. La heroína es una mujer súper fuerte y valiente si es una novela negra o de aventuras, o tierna y romántica si es una novela romántica.
  6. El protagonista es un hombre apesadumbrado por su crisis de los 40 (el escritor sobrepasa los 50 y asumo que tiene problemas de erección) y muestra una fijación infantil y absurda por señoritas de menos de 25 años que son muy malas con él o muy tontas y fáciles.
  7. Un personaje principal al que se coge mucho cariño durante la narración muere.
  8. El antihéroe cookie con quien todo el mundo se identifica.

El cliché 1 vende muchísimo aún hoy en día, el 2 es un básico literario que aún funciona, el 3 continúa atrayendo a millones de lectores y espectadores, el 4 es algo crispante, pero hay que reconocer continúa existiendo y funcionando (que pregunten a Falcó a ver si folla o no folla), el 5 es de sentido común (aunque aceptamos originalidades bien hechas), el 6 gana premios literarios, el 7 duele pero es necesario (recomiendo leer el artículo “Leonardo must die” de nuestro blog) y el 8, por favor, que nadie nos lo quite.

A veces, vale más cliché en mano que trama original e inverosímil volando. Con la primera novela es habitual volverse loco/a buscando que todo sea original, distinto, único y especial, pero, si uno revisa las novelas que se venden bien, si uno investiga a los escritores y escritoras que siguen un buen ritmo de publicación, se da cuenta de una gran verdad: una buena novela es como un buen bizcocho, no se innova, no se cambia la levadura por tocino, se cambian algunos detalles y se practica, cocinando una y otra vez hasta que se le coge el punto.

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

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