Aleccionando al lector

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A menos que seas Charles Manson y estés escribiendo un libro para aleccionar a tus seguidores resulta poco probable que a los futuros lectores de tu obra les interese conocer tus opines sociopolíticas. Desde luego, resulta harto improbable que alguien quiera escuchar a un escritor quejica que utiliza sus obras para quejarse de la vida de manera encubierta. Aunque hay excepciones, recomendamos no jugar con fuego, en especial, a la hora de escribir tu primera novela.

El caso es que hay un escritor muy famoso y talentoso, cuyo nombre vamos a omitir, básicamente porque sigue vivo. Este escritor maneja las novelas con una maestría que resulta enferma. No obstante, en una de sus más recientes novelas hizo algo que cualquier escritor novel debería evitar. El hombre escribió una novela durante la cual aparecen una infame cantidad de diálogos, algo muy excesivo, que resultan una mera excusa para quejarse. A ver, no pasa nada si lo haces de manera sutil, pero no resultará convincente para el lector si lo haces de esta manera:

  • Qué estúpida es la gente en España, ¿verdad?
  • Sí, querido amigo, a la gente de este país hay que darles pan y circo. País de pandereta.
  • En efecto, espero que me esté saliendo bien el acento del siglo dieciocho, no quisiera que se note demasiado que estoy trasladando una conversación de bar con mis amigotes al presente libro.
  • No, amigo mío. Eso es imposible. En todo caso, sus lectores amarán a su personaje tanto como aman al escritor que lo ha creado porque, al fin de cuentas, son la misma persona.
  • Por supuesto, mi persona solo puede despertar interés en los hombres y deseo en las mujeres, junto con, tal vez, algo de envidia. Ya sabe, mi buen amigo, la soledad que acompaña a la grandiosidad.

Después de cosechar varios éxitos el escritor decidió hacer esto, no sabemos aún si de manera consciente, tal vez con el objetivo de generar polémica. El problema es que, si haces algo así, de manera tan obvia, lo más probable es que tu lector se dé cuenta. Al darse cuenta, el lector se va a desconectar de la historia, va a pensar en ti y va a dejar de sentirse presente en el contexto que has creado para él. Y, si un lector no logra sumergirse en el mundo de una novela es muy probable que pierda el interés y deje de leer tu panfleto político disfrazado de historia. Si quieres pifiarla, adelante, no obstante, nosotros te recomendamos que peques de humildad y resultes invisible para tus lectores.

En serio, el autor debió de escribir al final de su novela “no intente esto sin la ayuda de un gran número de fieles lectores que vayan a comprar su obra no matter what”.

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

 

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