Gatillazo emocional

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Cuando pensabas que al fin te habías librado de todas las pifias que podrías cometer, va la vida y te sorprende.

Tienes un contexto bien definido, personajes complejos que alimentan una trama interesante, con algunos giros inesperados. Hay una sucesión de hechos que van ocurriendo de manera orgánica y coherente, dirigidos hacia un clímax final. En este caso, un clímax dramático verosímil dentro de la hermosa historia de amor que has creado. Decides hacer sufrir al lector a través de un giro inesperado que resulta creíble, pero difícil de encajar sin soltar alguna lagrimilla.

Pasan las páginas, y finalmente llega ese momento en que el mundo de tus protagonistas parece derrumbarse y, con él, todos tus lectores, que, inmersos en el fantástico mundo que has creado para ellos, sufren por las tristezas de tus protagonistas.

  • ¡Oh, no, Mateo! Ahora que estábamos tan bien, que había vuelto a confiar en el amor y que por fin me he abierto a sentir, resulta que te sale esta oportunidad laboral y debes irte.
  • Sí, Marta. No hay nada que pueda hacer, ya sabes que la cosa está complicada en el sector, no puedo desaprovechar una oportunidad como esta.
  • Lo sé Mateo y por eso deseo lo mejor para ti. Debes ir a Australia y progresar en tu carrera. Estarás en el otro lado del mundo, serán muchas las horas de diferencia horaria, pero es tu futuro y debes aceptar.

Después de un capítulo de despedidas, promesas de amor y drama extremo los protagonistas se separan. Queda más o menos patente que los personajes toman la decisión de cortar la relación para que no sea tan duro y cada cual se pueda concentrar en su nueva vida. El lector sufre por la separación de dos personajes que le han hecho reír y llorar.

Todo parece perfecto y bien encaminado, desde la perspectiva del editor hasta que, de pronto, al escritor le parece que los lectores están sufriendo demasiado y decide, sin más, hacer que los años pasen lo más rápido posible. En parte, también, porque posiblemente le preocupe no poder resumir años en unas veinte o treinta páginas de la manera adecuada. Así que, sin más, al pasar la página nos encontramos con que han pasado 6 o 7 años y los personajes se reencuentran. Ni ha dejado el escritor que te acabe de salir esa lagrimilla cuando, zas, de golpe y porrazo, todo es alegría y pasamos a la emoción del reencuentro. «¡Pero qué emoción va a haber! ¡Si no han estado separados ni dos páginas!» se dice el lector, ofuscado.

En las novelas es importante manejar correctamente los tiempos cuando se pretende generar tensión, miedo, angustia o tristeza. Hay que mantener y alimentar esas sensaciones en el lector durante unas cuantas páginas para que éste, realmente, pueda sentir empatía hacia tus personajes.

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

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