Pon un cabrón (o cabrona) en tu vida

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Si la semana pasada hablábamos sobre los personajes perturbadoramente gilipollas de la literatura, hoy toca hablar de los malos malísimos. Esos seres despreciables, crueles y malignos que solo pueden despertar odio y pulsiones asesinas en los lectores.

¿Qué sería de Los tres mosqueteros sin una Milady de Winter, o de Harry sin Voldemort? Cómo se aburriría Sherlock Holmes sin Profesor Moriarty. Sin duda, contar con un pedazo de cabrón cruel ha salvado a muchos personajes novelescos de tener vidas anodinas, así como a muchos lectores empedernidos del tedio. Nunca hay que menospreciar el papel que puede desempeñar un gran ser cruel en una novela para darle un toque especial y único, o tal vez, ese humor negro y pícaro reservado únicamente para los personajes más crueles.

  • Hola, guapo. ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Anabel.
  • Mi nombre es John.
  • Vaya, ¿a qué te dedicas, John?
  • Verás, son un genio del mal que utiliza su gran cociente intelectual para escapar del aburrimiento a través de la creación de acertijos sádicos.
  • ¿Acertijos sádicos? ¿Qué quieres decir?
  • Verás, Anabel. En ocasiones acudo a bares de carretera, lúgubres como este mismo, en el cual nos encontramos, y seduzco a encantadoras jovencitas como usted.
  • Oh, ya veo – comentó la joven, algo aturdida. – ¡Qué pícaro es usted!
  • Después de eso – continúa, asombrado ante la estupidez de su presa – llevo a mi presa a un lugar donde esté a buen recaudo, y es en ese momento cuando comienza la verdadera muestra de ingenio. Entonces, creo un rompecabezas con pistas y acertijos para la policía. Si la policía resuelve el enigma en menos de dos días, la victima sobrevive, si no, la víctima muere.
  • Vaya, increíble. Y, ¿cuántas veces ha podido resolver el enigma la policía antes de dos días?
  • Nunca – dijo él, ufano, mientras dirigía una mirada seductora a su interlocutora.
  • Eso es demasiado amazing, John. ¡Que increíble!

En ocasiones, el malo es tan interesante, tan perturbador, tan insólito y deleznable que, incluso se le concede el papel protagónico, como en el caso de Humbert Humbert, de Lolita, Heathcliff y Catherine Earnshaw, de Cumbres Borrascosas, o Drácula, de Bram Stocker. En otras ocasiones, al principio de una narración se nos hace odiar a un personaje que irá evolucionando poco a poco a través de los capítulos, o bien nos sorprenderá con un acto de gran valentía y sacrificio al final de la novela, ganando nuestro cariño y aprobación. De hecho, estos personajes con un lado oscuro, que terminan por encajar en el rol de pseudo héroes, suelen tener mejor acogida que los clásicos héroes.

En definitiva, hay muchas maneras de pifiarla, llenar tu novela de personajes anodinos es una muy común, pero, cuidado, porque un mal personaje mal elaborado (el clásico psicópata de baratillo) queda tan cutre como un “club para caballeros” con un letrero rosa de luces de neón.

Investiga sobre los grandes personajes malvados de la literatura y de la historia, piensa en los cabrones que han pasado por tu vida (esa cabrona del trabajo o del insti), e infórmate también sobre la vida de los grandes asesinos y violadores de la historia. En definitiva; busca referentes y elabora un malo malísimo creíble y coherente. Cuando lo termines, por favor, regálaselo al mundo, pues el único lugar donde los seres despreciables deberían existir es en las páginas de una novela.

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

 

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