Investigando ando

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A la hora de escribir una novela de ficción parece ser que algunos autores entienden que detrás la palabra ficción entra todo. Es como un cajón desastre en el cual todo tiene cabida.

Personajes medievales pueden volverse zombies, una raza alienígena puede venir charlar con nosotros sin ningún interés de aprovechar y utilizar recursos naturales, el guapo millonario se enamora locamente de una chica que es más aburrida que mi tía, el porcentaje de homicidios en una ciudad puede aumentar de forma drástica sin que nadie se lleve las manos a la cabeza, sorprendido, … En definitiva, el mundo de la ficción da mucho de sí, se trata de un universo flexible lleno de posibilidades en el cual los límites de la realidad resultan más fáciles de quebrar. No obstante, hay ciertos límites que no podemos obviar.

Indudablemente, los lectores saben que un escritor es precisamente eso, escritor, y no espera que sea ni policía, ni forense, ni psicópata peligroso. No obstante, hay una labor con la cual deben cumplir todos los escritores y las escritoras siempre (en este punto los lectores pueden ser especialmente quisquillosos), y es con la de investigación.

Una de las pifias más habituales en los escritores noveles, y qué más visible resulta, es la falta de investigación para escribir la primera novela. Es imposible escribir bien sobre un tema, contexto, o profesión que desconocemos.

Rodrigo estaba feliz de poder pasar la noche con su encantadora novia Raquel, habían pedido pizza y estaban viendo una película. De pronto, un grito de mujer les alertó. Ambos salieron un momento al rellano y vieron que otros vecinos habían salido también, al parecer, un hombre había entrado a la casa de la vecina y había conseguido escapar después con algunas cosas de valor, saltando por la ventana. Rodrigo llamó a la policía, que llegó en cuestión de minutos junto con una ambulancia. La vecina, una señora de avanzada edad, había sido apuñalada, y había indicios de robo. Uno de los policías se dirigió hacia Rodrigo

  • ¿Eres el que nos ha llamado?
  • Sí, he sido yo.
  • Bien – dijo, mirándole con recelo -. ¿Conocías a la señora?
  • Claro, era mi vecina desde que me mudé, hace unos cinco años.

El policía echó un vistazo a Raquel y pareció gustarle lo que veía. Después, continuó hablando con Rodrigo

  • Tienes una cara de culpable que no puedes con ella.
  • ¿Qué? ¿Pero qué está diciendo? Eso no es cierto.
  • Que sí, te voy a enchironar, chaval.
  • Pero hombre si esto no tiene lógica alguna.
  • Es que el escritor ha decidido que tienes ser inculpado por el homicidio para que los lectores sufran con tus desdichas y, como no sabe que la prisión preventiva es únicamente para las personas que presuntamente han cometido un delito de extrema gravedad y que, además, debe de haber bastantes pruebas importantes que respalden esa hipótesis, ha supuesto que puedo llevarte sin más a la cárcel. Además, no ha investigado cómo es el proceso. Así que, nada, lo dicho, esta noche vas a dormir en una celda.
  • ¡Pero eso es demasiado inverosímil y hace que la trama avance a demasiada velocidad!
  • Lo lamento, muchacho, así están las cosas.

Y sin más, el policía se lleva a Rodrigo a la cárcel.

Esto puede parecer cómico, pero en realidad es un ejemplo random de la típica escena con policías en las novelas de escritores en ciernes. A mi me hace pensar, o bien la gente tiene trauma con los policías, o bien nos hemos dejado embaucar por las pelis gringas, pero poco tienen que ver estas escenas con los procedimientos policiales habituales. Por eso es tan necesario hacer una pequeña investigación que aporte solidez al contexto, a los personajes y a la trama en general. Si no se hace, resulta demasiado evidente para los lectores que se les está dando gato por liebre.

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

 

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