Marcándose un “mentalista”

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En la popular serie El mentalista nos hacen creer que sería genial intuir, al menos, lo que están pensando las personas de nuestro alrededor. Esto es algo que resulta genial si son personas interesantes que ocultan pensamientos bastante turbios y perturbadores. Sin embargo, lo normal es que al adentrarnos en las cabezas ajenas se rompa un poco la magia. Es como cuando te echas un novio, al principio todo es misterioso y mágico “cariño, ¿en qué estás pensando?”, pero, cuando ya conoces realmente lo que piensa, empiezas a pensar “ojalá no supiese en lo que está pensando, qué pereza de hombre”.

El lector no necesita saber todo lo que piensa, siente y hace cada personaje de la obra, en cada momento. Entra el héroe en una ferretería y el ferretero le atiende a la par que se fija en su aspecto. <<Acaba de entrar, sin duda, un hombre duro que ha sufrido grandes desavenencias en su vida. Le veo y me recuerda a aquel hombre sabio que conocí cuando era niño,…>>, pensó el ferretero. Acto seguido, el ferretero decide hacer una pequeña reflexión sobre su vida y, como no, sobre la vida en general.

No. No es importante esto para el desarrollo de la trama. A nadie le interesa lo que el ferretero piense o le pase en su vida. Sólo será relevante lo piense en ferretero si es una reflexión sobre el hombre que ha entrado hace media hora para darle quinientos euros a cambio de que saque información del personaje principal. Más interesante, incluso, si, tal vez, le hayan dado ese dinero para que se acerque al héroe y, sin que éste se dé cuenta, le coloque un pañuelo empapado de cloroformo en la boca y le duerma.

No obstante, si todo lo que va a hacer el ferretero es darle unos materiales al personaje principal, bueno, en primer lugar, yo me preguntaría, ¿es necesario que los lectores acompañen al héroe a la ferretería? Así sea para comprar unos materiales simples que serán utilizados de manera estratégica, al más puro estilo MacGyver, me parece que no es necesario. Y una vez nos has traído hasta aquí, por favor, que nadie hable. Si vamos por la vida sin escuchar los pensamientos ajenos es porque la naturaleza es perfecta, no hay necesidad, ni ganas, de escuchar tanta morralla.

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

 

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