El viejo zorro de King

 

mean-shadows-453566-unsplash

Admiración es poco. Stephen King es un crack de la escritura y las pifias que aquí indicamos se las pasa por el cogote (por no decir algo peor). Este es uno de esos genios que cuando tú comienzas a vislumbrar un posible error de novelista él perfila su sonrisa de zorro y te sorprende con algo que parece haberlo preparado especialmente para la editora, o el editor, de turno.

Cada novela de este señor, bien analizada, supone un excelente taller de escritura y recursos literarios, pues es un no parar. Cada idea que se va desarrollando forma parte de un engranaje narrativo inteligente y despierto, lleno de pequeñas argucias y guiños a escritores. O, al menos, así lo veo yo. Personalmente soy más feliz visualizándolo de esta manera.

Y bueno, para astucias de escritor pillo, las que me olí el otro día mientras estaba leyendo Carrie, que, si no estoy mal informada, es la primera novela que escribió. Por cierto, abro aquí un paréntesis simbólico para contarte que me parece mejor empezar por It y que creo que consta de una mayor riqueza narrativa, para que saques notas de lo que hace y cómo lo hace, que no tiene desperdicio. Volviendo a Carrie, resulta que en un momento determinado, cuando está ya bastante avanzada la novela, de pronto, uno de los personajes secundarios, que está siendo interrogado, empieza a hablar sobre los pensamientos y emociones de Carrie, el personaje principal.

¡Alerta roja! ¡Pifia a la vista!

Uno de los errores comunes en escritores nóveles es dar demasiadas pistas sobre lo que determinado personaje está pensando y sintiendo. Al lector no le gusta que le den todo masticado, digerido y regurgitado, al lector le gusta intuir lo que siente ese personaje sin que tú se lo cuentes. Además, es algo que queda muy extraño. Nadie dice: <<Oh, vi a ese policía poniendo una multa en un coche y supe que algo le pasaba, estaba como ansioso, preocupado, sus ojos me decían que había llorado, seguro que había discutido con su mujer y estaba pasando por una grave crisis existencial>>. Tú prueba a decirle eso a alguien, a ver qué cara te pone.

En el caso de Carrie es plausible porque se ve a una especie de niña del exorcista bañada en sangre y sonriendo de una manera tan maligna como ridícula. Ok, aceptamos pulpo, puede que alguien cuente al agente que parecía que estaba poseída, o que reía pero que, al mismo tiempo, parecía terriblemente deprimida. No obstante, el lector experimentado ya está afilando el cuchillo en ese momento, pensando en el truco barato que acaba de hacer el autor cuando, de pronto, King te hace una de sus jugadas.

Y es que, justo después de que la testigo cuente que parecía estar pensando o sintiendo Carrie, el agente le dice, irritado, que se limite a narrar LO QUE VIO, sin interpretaciones que, por supuesto, serían subjetivas (el mismo consejo que le daría el editor al escritor en este punto). De repente, con esa intervención del agente el diálogo se vuelve más verosímil, más plausible.

Si el agente no hubiese dicho nada y la testigo hubiese seguido con su royo sobre la psicopatía de Carrie el lector se hubiese sentido estafado. Pero ahí no acaba la cosa… Un poco más tarde, en el diálogo, la testigo vuelve a cometer el error de narrar sus percepciones subjetivas sobre lo que Carrie debía de estar pensando y es entonces cuando pide disculpas al agente y sigue narrando los hechos tal cual los vio.

Esta es una jugada magistral.

Al hacer esto King ha logrado que ese personaje secundario cobre vida y puedas incluso percibir su personalidad. Sus personajes no son marionetas que actúan en función de lo que el autor quiere, bueno sí, pero lo hacen dentro de un marco de honestidad e incoherencia que fácilmente podemos identificar en la vida real. Si el personaje no se hubiese equivocado y, en vez de eso, hubiese continuado narrando los hechos tal cual los vio, como indicó el agente, no hubiese resultado tan verosímil. Hacer esto parece fácil, una vez lo has identificado, pero la verdad es que lo que logra King con recursos en apariencia sencillos es de una brillantez absoluta.

Los personajes no son tus monigotes, deben emular a las personas, con sus complejidades, estupidez e incoherencias. Eso supone todo un universo de gestos, palabras y actos que, aparentemente descoordinados, crean una sinfonía narrativa única y especial. Y ahora, os dejo, que yo me voy a escuchar “Para Elisa”…

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

 

Deja un comentario