Súbete al DeLorean: las anacronías

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Súbete al DeLorean, Doc, que hoy hablamos de los movimientos temporales en la narración.

La anacronía, lejos de tratarse de una tierra exótica y lejana, es un recurso narrativo que rompe el orden cronológico de la narración.

El uso de recursos temporales es algo que aporta mucha fluidez narrativa en una novela. Moverse hacia atrás y hacia adelante (analepsis y prolepsis respectivamente) puede dotar de una magia especial a la novela, como sucede en las de King o las del bueno de Gabo, como apodan de manera cariñosa en Colombia a Gabriel García Márquez.

No obstante, lo fácil para un escritor novel es plantar un buen truño, esto es: utilizar este recurso cuando las circunstancias no lo permiten, usar mal los tiempos verbales, confundir al lector o bien usar el recurso como una pequeña jugada de escritor que manipula de manera facilista al lector. Nunca intentes timar al lector, ese debería ser el consejo 1 de toda guía para escritores nóveles.

Para manejar bien los saltos temporales es muy importante tener en cuenta estos cuatro elementos:

  1. Entender bien el narrador que se ha escogido y saber cuáles son las limitaciones de este. Si se trata de un narrador omnisciente limitado, esa lente narrativa que funciona como una “cámara” que lleva un personaje principal pegado a su cogote, podremos recordar momentos de la vida de este y poco más.
  2. Además, para manejar esos movimientos temporales en la narración de manera fluida y coherente es esencial controlar los tiempos verbales. Puede parecer una obviedad, pero lejos de serlo, este manejo de tiempos es lo que permite que el lector siga la lectura sin perderse. Si el lector ha de detenerse para recapacitar sobre dónde está ubicada la narración es que hemos metido la pata.
  3. Debe haber una justificación de peso para realizar el salto. Si un movimiento temporal no aporta gran cosa a la narración no será conveniente realizarlo.
  4. Entender cómo funcionan estos recursos; cómo se utilizan y construyen. Para esto resulta importante conocer la técnica y aprender de ejemplos que encontramos en la literatura.

Un movimiento al pasado o al futuro jamás puede parecer un as que te sacas de la manga para justificar determinada acción o suceso del presente narrativo, el cual no se sostiene por sí mismo. Los movimientos temporales funcionan para incorporar elementos interesantes para el lector y que en cierta medida aportan información relevante para la historia que deseamos contar.

En el inicio de 100 años de soledad la narración se inicia así: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.” Y después se comienza con un larguísimo racconto que aporta contexto a esa genial frase iniciática.

Y digo iniciática, porque esa novela es casi un culto sagrado a la literatura. Sí, es una de mis novelas favoritas.

Podría contarte más, pero en ese caso tendría que matarte. ¡No! ¡Es broma! Puedes acceder a mucha más información que te ayudará a utilizar bien este recurso en nuestra audioclase Anacronías: los saltos temporales en las novelas.

En fin, esperamos que la pifies a lo grande, y que, además, nos lo cuentes. ¡Un saludo!

 

 

 

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